La felicidad: por qué no consiste en sentirse bien siempre

La felicidad es un concepto muy antiguo, ya que filósofos como Aristóteles hablaban de ella. Para él, la felicidad era el fin último del ser humano y se alcanzaba realizándose uno mismo de la mejor manera posible.

Desde entonces, otros muchos filósofos, religiones y comunidades han definido la felicidad y han tratado de encontrar las claves para alcanzarla. En nuestra sociedad está íntimamente relacionada con la consecución de metas, que muchas veces creamos a partir de lo que vemos en las redes sociales.

¿Es posible ser feliz todo el tiempo?

Antes de seguir avanzando, conviene destacar que la felicidad entendida como un estado permanente de satisfacción es una utopía, ya que esto implicaría la ausencia de malestar de cualquier tipo y el mero hecho de vivir conlleva cierto grado de dolor.

¿Las emociones desagradables son incompatibles con la felicidad?

A veces tendemos a pensar que durante la infancia fuimos plenamente felices, pero incluso entonces ciertas emociones que nos resultan menos agradables eran inevitables.

Seguro que en algún momento te enfadaste porque te dijeron que no a algo o porque te quitaron un juguete. También pudiste entristecerte al tener que ir al colegio, separarte de tu familia durante un tiempo o despedirte de un amigo que se iba a vivir a otro lugar.

La rabia, la frustración, la tristeza o la soledad también forman parte de la vida y no implican necesariamente que una persona sea infeliz.

Meditando sobre la felicidad

¿Por qué buscamos la felicidad en alcanzar determinadas metas?

En otras ocasiones proyectamos la felicidad en el futuro y en la consecución de una meta, ya sea material o vivencial, como puede ser tener hijos.

Al pensar en esa situación que creemos que nos dará la felicidad, tendemos a idealizarla y a obviar el esfuerzo que podría suponernos, los obstáculos que podríamos encontrar o las dificultades que también pueden formar parte de esa experiencia.

¿Cómo influyen las expectativas en la frustración?

En muchas ocasiones asumimos que la situación que deseamos estará exenta de cualquier tipo de sufrimiento. Esto puede provocar que, cuando experimentamos emociones que no asociamos con la felicidad, nuestra insatisfacción aumente.

Por ejemplo, si al ir de vacaciones esperamos sentir únicamente calma y alegría, podemos frustrarnos cuando aparecen las colas, el tráfico, el cansancio o cuando la comida o el alojamiento no son como esperábamos.

Cuando lo esperado se distancia demasiado de lo vivido, los desencuentros pueden adquirir un gran peso en nuestro recuerdo.

Pensando sobre su felicidad

¿Por qué la felicidad es diferente para cada persona?

A pesar de que en el momento actual se ofrece un camino hacia la felicidad muy similar para todo el mundo, resulta imprescindible entender que se trata de un concepto subjetivo.

Cada persona entiende la felicidad de una manera y puede sentirla ante diferentes situaciones o aspectos de su vida. Es decir, lo que para otras personas es motivo de bienestar no tiene por qué serlo también para mí.

¿Cómo influyen las redes sociales en nuestra idea de felicidad?

Es importante no olvidar que no todo el mundo tiene las mismas características, circunstancias ni posibilidades, a pesar de que las redes sociales puedan ocultar esta realidad.

Si las metas que nos planteamos no tienen en cuenta nuestras limitaciones, nuestra situación, nuestros gustos y nuestras necesidades, es probable que la insatisfacción aumente.

Felicidad con redes sociales

¿Alcanzar nuestras metas garantiza la felicidad?

No siempre se alcanzan todas las metas que nos proponemos, pero eso no implica necesariamente que seamos infelices. Es posible gestionar la frustración y sentir que, a pesar de las dificultades, la balanza general de nuestra vida es positiva.

De la misma manera, alcanzar nuestras metas tampoco asegura la felicidad. Puede suceder que nuestros objetivos ya no sean coherentes con el momento actual, que los afrontemos con demasiada autoexigencia o que fueran planeados junto a personas que ya no están presentes en nuestra vida.

¿Cómo podemos aceptar una felicidad imperfecta?

La rabia, la frustración, la tristeza y la soledad forman parte de la vida. La felicidad solo podrá tener lugar si aceptamos esta realidad y dejamos de entenderla como una ausencia completa de dolor o malestar.

En palabras de Gabriel Rolón:

“Si tenemos una opción de ser felices, nunca será sin un poco de tristeza, sin un poco de dolor, sin algo de soledad y sin faltas. Si alguna felicidad es posible, tenemos que aceptar que será una felicidad imperfecta”.

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